Mirando hacia arriba, observar, encuadrar, y a veces no pasar desapercibido, no es un problema, por que sorprendes al retratado.
Revisar el material, que nadie me encarga, solo es por placer de fotografiar momentos, cuadros imposibles. Una chica que desde atrás del coche manda un beso, mientras el cochero guía ausente de la historia que transcurre por su espalda.(Foto izda.)
Muchas veces paro en seco, en cualquier cruce. Una joven contrasta con las sombras y traje blanco, sustos contínuos por mulas y caballos, escenas repetidas por el Real, donde el ruido de los cascos se confunde con tambores de sevillanas y cañas de gitanos. Cascabeles delatan sus idas y venidas, símbolo de poderío en primavera. (foto dcha.)
Los forasteros: síntoma de que se acaba, cuando llega el sábado, donde las casetas cambian de acento y los bailes se vuelven torpes, pisotones y trajes prestados.
La calle llena de calle, paseos interminables de unos para despedida de otros. Esos visitantes darán el último empujón a la fiesta, con sus caras nuevas, carteras sin estrenar y sin albero en los bajos.

La feria mas presuntuosa de todas, esa que miran con recelo nuestros vecinos. "Que si los invitados de los de Sevilla y los gorrones del norte". Pero al final todos caben en la ciudad efímera, y siempre hay una caseta donde ir o colarse, dicho sea de paso. Eso si aceptan dinero.
El polvo se mezcla con el sol de la tarde, esa imagen de contraluz me molesta, prefiero el sol a la espalda. En esa hora procuro esconderme hasta la puesta.(Foto izda.)
Tiempo peligroso donde se pierde su noción.
El volumen de las sevillanas sube, los conjuntos flamencos empiezan a tocar y los equinos se van a las cuadras. Debajo de las lonas a rayas comienza un baile contínuo de vueltas y vueltas, con sugerentes pasos y miradas. Los flecos de los mantoncillos se relían con los botones de las chaquetas, algunos se quedan ahí, otros esperan. Excusas de besos.(Foto dcha.)
Buscando fuego en un bolsillo minúsculo, una gitana me llama la atención. Con ojos grandes y azules a juego con flor y vestido, el pitillo en la boca, pestañas grandes como encajes y escote sugerente, destaca entre el resto de la mundo.(foto izda.)
Cuando tengo cuadros así, me recuerdan al frenético movimiento de la gente, aprovechando las calles vacías de tráfico del paseo de caballos, donde con ganas se echan a la calzada en todas direcciones.
Los puestos de las esquinas cobran protagonismo con sus colores de dulces y algodones de azúcar.(Foto abajo 1ªdcha.).
Una gitana se deja fotografiar con sus claveles en las manos, joven curtida con colores para adornar solapas y peinados (foto abajo 1ª.izda.). Gente que corre por albero amarillo y adoquines mojados. (Foto abajo 2ºizda. / 2ªdcha.).
Cómplices miradas de barra consigo con plano picado y pícaro.(Foto 3ª dcha.) Empieza la noche...
Así veo yo un día de feria.














